Historias anónimas de Comalcalco

Luis Enrique Cruz Hernández
Siguen
surgiendo las historias de antaño de mi Comalcalco querido, algunas son
alegres, algunas son trágicas y algunas hasta indecentes, pero la que quiero
contarles hoy es de un tema de moda.
Hace algunas
décadas cierto hombre adinerado de muy pesado carácter acostumbraba visitar los
bares y “centros de reunión”, para ir a tomar unos tragos y pasarla con los
amigos, era de su deleite bromear con ellos, pero también acostumbraba a
pasarse de listo con los trabajadores de los locales y con algunas otras
personas quien sin deberlas o temerlas caían en sus bromas pesadas, insultos y
a veces hasta humillaciones, pero había una persona a quien más molestaba, una
persona humilde que de bolero trabajaba, le ponía mil y un sobrenombres;
“chaparro” “negro” “sucio”, “muerto de hambre”, le hacia lo que quería escudado
en su dinero y su buen nombre. Ya lo dicen las leyes físicas: a toda acción
corresponde una reacción, pero para aquellos años las reacciones de nuestro
buen amigo bolero solo se limitaban a dos cosas; agachar la cabeza y soportar
los malos tratos para poder seguir boleando los zapatos a los clientes o
salirse del lugar perdiendo algunos pesos para poder alimentarse.
Según lo que
me han contado por mucho tiempo hubo discusiones y alegatos a causa de estos
hechos y yo concluyo que todo es acertado, dicen que algunos murmuraban por las
calles que “el valiente vive hasta que el cobarde quiere” y que la respuesta a
eso era lo siguiente: la muerte no es merecida por la mano de otro hombre, que
solo dios decide a quien quitarle la vida.
Di no al bullying
o lo que es lo mismo al abuso, que aunque esté de moda no es nuevo, ni en
nuestro Comalcalco querido.